A Carlos
No importa su apariencia, su voz es imponente, una legión de duendes cumplen sus órdenes y yo soy su vehículo. Mi voluntad siempre está cuestionada por él y mis actos son saboteados por sus designios. A él lo alimento, lo dejo crecer, le doy armas le doy fuerza.
En la soledad espero un momento en que él duerma para sorprenderlo… yo duermo primero.
Gracias por compartirlo con nosotros.
Un abrazo fraternal
Santis